La tortilla española es el plato de casa por excelencia: patata confitada en aceite, huevo y, si te gusta, cebolla pochada hasta dulzor. No es una tortilla francesa fina; busca un interior jugoso y un exterior apenas dorado.
El punto se decide al voltear: demasiado tiempo en la sartén reseca el centro; demasiado poco deja el huevo crudo. Una sartén antiadherente del tamaño justo y un plato del mismo diámetro hacen el volteo seguro.
Se come caliente, templada o fría — en pincho o como plato. Combínala con ensalada o un pepito si quieres una mesa vasca/española completa.








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