Los calamares a la romana son el bocado de barra y domingo: anillas en rebozado ligero, freídas en aceite bien caliente. El enemigo es el aceite tibio — engorda el rebozado y deja el calamar correoso.
Seca bien las anillas, pásalas por harina (o un rebozado fino) y fríe en tandas pequeñas. Escurre en rejilla, no en papel apilado: el vapor las ablanda. Un toque de limón al servir despierta el marisco sin taparlo.
Combínalas con una cerveza bien fría o como entrada antes de un arroz negro o una paella.








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